Tras un vuelo sin sobresaltos, llegue a un lugar totalmente desconocido, en el que pude ir guiándome gracias a la ayuda de Asier, un vasco aventurero en busca de nuevas experiencias, que antes de zarpar había conocido en Barajas. Nos dirigimos hacia la estación de buses y después de muchas explicaciones consegui la manera de que me llevaran hasta el portal de mi amigo Xavi.
Vive en el piso 11 en la céntrica avenida de Rivadavia. Las vistas simplemente increiíles. Justo enfrente una animada plaza con su porción de parque. Un poco más allá la estación de trenes, y en el horizonte una larga extención de ciudad que no acaba nunca.
Tras llegar facilmente y conocer un poco el piso en el que me voy a quedar un par de dias, hemos pateado la ciudad, bajo una sensación térmica de más de 30 grados, hasta que las fuerzas no han dado para más. El obelisto, la casa rosada, incluso nos volvimos en el Subte, al cual es obligado que suba alguna foto mañana cuando lleve la cámara, por lo impresionado que me dejó ver un vagón de metro de madera.
Ahora a descansar en la terrazita contemplando las vistas, bebiendo una Quilmes y contando batallitas con Xavi.
De momento eso es lo que me he encontrado mi primer dia en el otro hemisferio. Sin contar el hecho de que el sol está al norte, y que el agua del water gira al revés, Buenos Aires a conseguido enamorarme en tan solo un día. Espero que la reacción en Montevideo sea la misma.

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