Recien cumplidos los 16 años poco a poco llegaba el fin de los viajes familiares, y había que aprovechar. Era un caluroso verano del 2003 y nos embarcamos a un crucero por el Mediterraneo. Mi primera idea del viaje fue que "los cruceros son para viejos" pero jamás olvidaré lo bien que me lo pase.
Zarpando del puerto de Barcelona. Había que aprovechar el Jacuzzi nada mas llegar.
La travesía empezó en Barcelona. Desde allí nos esperaban dos dias enteros de viaje hasta Malta. Durante el dia investigamos todos los rincones del barco. A pesar de ser relativamente pequeño, comparado con otros, a mi me pareció gigantesco. A la noche una de las deliciosas cenas incluidas en el viaje y una vuelta, yo sólo, por la discoteca. Sin saber como, gané un concurso de baile por parejas, el cual solo consistía encontrar a tu pareja cuando terminaba la música. Entonces fue cuando conocí a Judith (compañera de baile) y su hermano Marc. Fue empezar a hacer amigos cuando me di cuenta de que sería más divertido de lo que parecía.
El día siguiente fui conociendo mas gente de mi edad mientras recorria el barco. Fuimos fomando un grupillo de algunos de los chavales del barco. Como no se podía salir de alli entablamos amistad muy rápido unos con otros, olvidando por un momento que había ido con mis padres. A la mañana siguiente llegamos a Malta, pequeña isla, con poco que ver, pero con muchisimo calor. Apenas aguanté una mañana fuera del barco. Por la tarde volvía a quedar con todos y de risas hasta las 3 de la mañana. Al dia siguiente habia que despertarse a las 7 de la mañana en Sicilia, pero daba igual, trasnochabamos todas las noches contándonos nuestras vidas y siendo el alma joven del barco.
El jueves por la mañana nos despertamos en Sicilia, la visita fue mas extensa, ya que merecía la pena. A pesar de ser otra isla volcánica, estilo Lanzarote, merece la pena visitar sus rincones en busca de algun mafioso.
Tras otras cuatro horas de sueño, llegamos a Roma. Desembarcamos en la ciudad de Civitavecchia y nos dirigimos hacia la ciudad eterna. Ya habíamos estado una semana cuando tenía 8 años, pero a esa edad no te das cuenta de lo increible que es Roma. Recordabamos dónde se encontraban los lugares mas importantes e hicimos una selección pasando por el foro, el coliseo, la Fontana di Trevi, la plaza de España...increíble, menos mal que volví a tirar una moneda en la fontana, hay que volver.
El sabado nos planteaba una duda: Pisa o Florencia. Realmente no se dudo ni un segundo. Florencia es de las ciudades mas bonitas del mundo y en cualquier rincón de la ciudad vieja te das cuenta de ello. Las obras de Brunelleschi o Da Vinci se reunen para formar una gran ciudad a la que ya he vuelto, y aun debo volver, ya que es necesario mas de un dia para verla.
Para terminar, el domingo llegamos al sur de Francia, donde visitamos la ciudad de Cannes y nos encontramos con un frente marítimo edificado de punta a punta, con mucho lujo, buena arquitectura, buen clima, un lugar idoneo para vivir, pero solo accesible para unos pocos. Esa noche, de vuelta a Barcelona, hubo una gran tormenta. Notaba el balanceo del barco por primera vez. Aun asi esa noche también quedamos todos para despedirnos. El crucero fue una gran experiencia donde conocí a gente que en muy poco tiempo consideré grandes amigos. El dia siguiente en Barcelona se basó en dormir. Estuve alrededor de 26 horas durmiendo. Mientras mi familia visitaba la ciudad, yo descansaba lo que no había descansado en el barco. A pesar de ello jamas senti cansancio en toda la semana porque realmente había que saborear cada segundo que pasaba en ese barco.

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